EXPOSICION PREPARADA PARA LA XXIX CONFERENCIA ROTARIA DEL DISTRITO 4280, EN MEDELLIN EL 1, 2 y 3 DE MAYO DE 2003

EL ROTARIO, LA ETICA Y SUS VALORES

Por HERNAN SALDARRIAGA A.
Sociólogo Club Rotario Medellín Occidente.


Aristóteles dividía el conocimiento en tres grandes áreas:
El área del conocimiento teórico, un conocimiento que no transforma la realidad, sólo la “contempla”: Yo puedo conocer la superficie de un cuadrado, pero ese conocimiento no transforma el cuadrado. Yo puedo conocer una obra de Botero, la contemplo, la analizo, la critico, pero ese conocimiento no transforma el Botero.
El área del conocimiento técnico-productivo, transforma la realidad, hay obra externa. Yo conozco del hierro y he estudiado los métodos para hacerlo maleable, aplico este conocimiento a una varilla y la transformo en una herradura. Mi conocimiento aplicado produce una obra externa.


El área del conocimiento prudencial es ese que transforma al mismo sujeto que conoce. Yo conozco el valor de la lealtad; sé que hablar mal de los ausentes no es adecuado y si alguien trata de hablar mal de una persona que acaba de retirarse, yo la invito a que no hablemos de ella mientras no esté presente. Ese comportamiento prudente, me transforma, enriquece mi sentido de lealtad, me hace crecer.
En esta área del conocimiento prudencial está ubicada la ética, como saber.
Porque la ética civil es eso, un saber prudencial, que, con su habitualidad, contribuye a que las grandes o pequeñas decisiones de mi cotidianidad busquen claros fines, a través de comportamientos, adecuados a un imperativo universal que hay en mí como espécimen perteneciente al género humano y en cuya constante práctica me engrandezco.
Un saber que también es falible, es decir, que en el momento de decidir sobre una acción, un deseo, un decir, un pensar, puedo equivocarme.
El rotario tiene un imperativo ético claro.



Por naturaleza, el rotario tiene que ser ético, no solo saber de ética, tiene un compromiso que aceptó expresamente cuando voluntariamente adhirió a este movimiento, porque en sus objetivos dice textualmente “El objetivo de Rotary es estimular y fomentar el ideal de servicio como base de toda empresa digna y en particular, estimular y fomentar: ….. La observancia de elevadas normas éticas en las actividades profesionales y empresariales…”
Nadie puede fomentar nada si eso que ha de fomentar no es poseído.


Además tiene una guía fundamental en su prueba cuádruple que le invita a observancia de la verdad, de la equidad, de la buena voluntad, de la amistad y del beneficio para todos.
Hablar de rotarismo es, pues, hablar necesariamente de valores, valores humanos, valores éticos, al servicio de una empresa digna.
Pero uno encuentra que algunos grupos y miembros rotarios han perdido este norte, porque en vez de la búsqueda de ese claro objetivo y esos nítidos valores, hay quienes solo andan interesados en aumentar su número de amigos para negociar, amigos para poder tener influencias, amigos para ser reconocidos por otros, amigos para cenar y disfrutar de la compañía, amigos para compartir el pedestal de gloria que el amigo ocupa, amigos para beneficiarse de sus actividades profesionales.
Y olvidan que el rotarismo es amistad pero para servir, no para servirse.
Cuando el norte del rotarismo se pierde, los valores se invierten, los grupos entran en decadencia, los objetivos vitales de los grupos se parcelan en objetivos individuales, y el egoísmo, la voracidad, la ambición de poder y de gloria estrellan su firmamento, cuando las estrellas que deberían brillar allí son el ideal de servicio, la amistad en función del ideal de servicio, el beneficio del prójimo, las acciones llenas de misericordia, de solidaridad y amor por los demás.
Cuando se pierde el norte en el rotarismo la amistad se degrada, el compañerismo se explota y el amigo de antes se convierte fácilmente en enemigo, y la conversación en las avenidas que deberían versar sobre los impactos de la amistad en la acción social, se alimenta de rumores, de chismes, de comidilla, de correveidiles que desplazan el entendimiento, la comprensión, el aporte personal a las obras lideradas por alguien, por la búsqueda de adeptos para enfrentar a los que no están con ellos porque quienes no están con ellos están contra ellos.
Entonces, es necesario que revisemos a fondo en cada uno de nuestros grupos y en nosotros mismo esos valores claros humanos y éticos del rotarismo, que veamos si nuestros grupos los están abandonando y están entronizando en ellos actitudes y comportamientos en abierta contradicción con los principios rotarios; si hay claro y transparente afán de servicio; si la amistad se está construyendo sobre la sinceridad, la confianza y las competencias del ser, o por el contrario se esta fundamentando en los bienes materiales y riquezas que poseamos.
Si la realidad nos muestra que en nuestros grupos estos valores se están debilitando o si por el contrario, de esa revisión deducimos que nos siguen moviendo afanes altruistas y nobles, como es de esperarse, entonces no vacilemos, en ambos casos, en reforzar esos valores rotarios, con otros mínimos valores éticos civiles que en nuestros mundos empresariales son exigibles como exigibles en el mundo de la amistad y de la familia.
Estos valores que proponemos que se revitalicen en nuestras organizaciones, amén de los propios del rotarismo, son la responsabilidad, la solidaridad, el respeto por la verdad, el respeto por la vida y la honradez.

No concebimos un rotario irresponsable, pero hay quienes no son capaces de responder conscientemente por los compromisos voluntarios que contraen en el movimiento.
No concebimos un rotario irresponsable, pero hay quienes buscan excusas mentirosas para explicar por qué no han cumplido la tarea que habían asumido.
Y si extrapolamos, podemos ver el reflejo claro de las actitudes positivas responsables del rotario en su club, en su grupo empresarial o familiar o viceversa, por la lógica de los hábitos y por razón de la integridad.

No concebimos un rotario insolidario, pero hay quienes forman grupos islas en sus clubes, islas en las cuales no suelen, ni pueden participar aquellos de quienes se aíslan.
No concebimos un rotario insolidario, pero hay quienes en las crisis personales, empresariales, comunitarias o familiares que se les presentan a sus compañeros, ni tienen el método, ni el argumento, ni el interés, ni el afecto, ni la forma de contribuir a ayudar a aquel que merecida o inmerecidamente está en esa situación.
Y si extrapolamos las actitudes positivas solidarias de un rotario en su club, podemos ver su solidaridad en su empresa, en su familia, por la lógica de los hábitos y por razón de la integridad.

No podemos concebir un rotario que no ame la verdad. Esa verdad serena que no es evaluativa sino descriptiva, que no es genérica sino específica, que es oportuna, que se dice con el fin de ayudar al otro a cambiar comportamientos y jamás para ofender, humillar o lesionar al otro.
Pero hay quienes hacen de la mentira un proceder, o de la verdad un arma lacerante, hiriente de los demás, escudados en una franqueza intolerada e intolerable. Que siguen y siguen enrostrando los errores de los otros, errores ya reconocidos y corregidos.
Y si extrapolamos vemos que el rotario que en su club ama y defiende la verdad serena, convierte su empresa en un monumento a la verdad y que su familia es santuario de ella, por la lógica de los hábitos y por razón de la integridad.

No podemos concebir un rotario que no ame la vida. Ese don que hemos recibido como parte de la energía universal, que nos conecta a todos los seres del mundo, que nos hace parte de todo el universo, que debemos desarrollar, y que debemos devolver al terminar nuestro ciclo trascendente. Pero hay quienes tienen muy poco respeto por la vida de los animales, como si no formaran parte de su propia energía, ni por las manifestaciones más simples de la vida, ni por la energía de los demás, la que zahieren con la ironía, con la humillación, con la calumnia, con la amenaza, con el terror que infunden.
Hay quienes atentan contra el medio ambiente y quienes no entienden el hábitat humano enraizado en el sistema vital de la especie.
Y si extrapolamos, podemos ver que el rotario que tiene gran respeto por la energía universal propia y de los demás en su club, en sus empresas y en sus familias impera también este respeto, por la lógica de los hábitos y por razón de la integridad.

No podemos concebir un rotario arrebatándoles los bienes a los demás.
Pero hay quienes juegan con la honra y la fama de los otros con una ligereza inmensa en detrimento del más grande patrimonio que un hombre o una mujer puedan tener, como es su honra.
Hay quienes se apropian de las ideas de los demás, con una facilidad pasmosa.
Hay quienes no respetan los derechos de autor, el bien patrimonial intelectual de otros.
Y si extrapolamos las actitudes honestas de un rotario en su club, a su mundo empresarial y su mundo familiar los vemos como un templo de respeto de la propiedad física, intelectual y mental de los demás, por la lógica de los hábitos y por razón de la integridad.


Porque el obrar con ética es un hábito del ser y difícilmente se puede ser responsable, solidario, respetuoso de la vida, de la verdad y del bien ajeno, en un escenario y ser todo lo contrario en otro. Cuando tal cosa ocurre, cuando no se da tal integridad, es absolutamente claro que el comportamiento que se observa, adecuado en un escenario, inadecuado en los demás, nace de la conveniencia que no de la convicción.
Es pues imprescindible, desde el rotarismo, donde uno sí puede afirmar sin riesgo a equivocarse que los buenos son más, que revitalicemos en cada uno de nosotros y en nuestros grupos, estos mínimos éticos exigibles por el sólo hecho de pertenecer al género humano, para que al revitalizarlos como miembros de este hermoso grupo solidario universal, los estemos revitalizando con nuestro ejemplo en nuestras empresas y en nuestras familias, en forma simultánea.


Permítanme, en este instante, hacer una recomendación fundamentada en la pluralidad, democracia y no confesionalidad del rotarismo a esos jóvenes padres y madres rotarias, a esas generaciones de Rotarac y de Interac que hoy me honran al escucharme o al leerme:
Padres y madres rotarios, desde el vientre de la madre y cuando acunéis a vuestros hijos para amamantar a esas pequeñas y bellas criaturas, o cuando le arrulléis en su sueño, o le mezáis en vuestros brazos, susurradles dulcemente con amor estos cinco principios, cinco principios universales de la ética civil: Hijito: Sé, siempre, responsable. Hijito: Sé, siempre, solidario. Hijito, respeta siempre la vida. Hijito: di, siempre, la verdad. Hijito: sé, siempre, honrado.
Si sembráis en ellos desde vuestro seno, estos cinco principios básicos, veréis que estáis construyendo un auténtico ser humano, un ser lleno de humanismo, de comprensión por los demás y sobre ese ser humano así construído veréis que es mas fácil implementar los valores religiosos que anheláis para vuestras criaturas.
Porque el mensaje de la ética civil no divide sino que hermana, el mensaje de la ética civil ayuda a comprender al otro, más que a tolerarlo, a entender sus razones de obrar y a orientarlo cuando ello es preciso, a aceptar las diferencias y las individualidades, a respetarlo como parte de la energía universal que envuelve al cosmos mismo, y a respetar su valores materiales, espirituales y mentales, porque ese mensaje está basado en la pluralidad de la concepción del género humano y esa pluralidad, sembrada desde antes de nacer, permitirá entender que todo lo universo es uno, en comunión y en participación.
Cread y construid primero seres humanos, después seres religiosos, seres políticos, seres económicos, si queréis que ese gran servicio a la comunidad que buscáis en el rotarismo sea capaz de continuar haciendo vibrar el corazón de las nuevas generaciones, por su gran contenido humano.
Porque si a la inversa lo hacéis, esas pequeñas criaturas vuestras no tendrán las bases humanísticas fuertes, necesarias, que le permitan entender que la política, la economía, las ideologías y las religiones son importantes medios de desarrollo humano y no formas de dividir la especie humana, como hasta ahora lo han sido.

Volvamos a Aristóteles con quien iniciamos esta experiencia, e insistamos en que es preciso que valoremos y amemos aún más el conocimiento prudencial, ese conocimiento que, al poseerlo, es capaz de transformarnos y que en palabras de Adela Cortina:
“Es un tipo de saber práctico preocupado por averiguar cuál debe ser el fin de nuestra acción para que podamos decidir qué hábitos hemos de asumir, cómo ordenar las metas intermedias, cuales son los valores por los que hemos de orientarnos, qué modo de ser o carácter hemos de incorporar, qué objetivo de obrar con prudencia, es decir, tomar decisiones acertadas” en nuestros clubes, en nuestras empresas y en nuestras familias.
Porque frente a las vicisitudes de nuestras vivencias comunitarias, es imperativo que el rotarismo se yerga con el vigor de su saber prudencial ético, para contribuir, con mayor vehemencia sí, a estimular y fomentar el ideal de servicio con el conocimiento mutuo y la amistad como ocasión de servir y con la observancia de elevadas normas éticas en el club, en la empresa y en la vida familiar.
Pero es preciso que ante todo hagamos de la ética un hábito y un proceder integral en nuestras acciones. A veces nos equivocaremos de buena o mala fe, pero con seguridad que esos valores sembrados y revitalizados en nosotros, nos volverán al sendero y volveremos a cobrar ánimo por el servicio, cuando las sirenas de la lujuria, de la envidia, del egoísmo, de la ira, de la codicia, nos hayan sacado o traten de sacarnos de nuestras rutas nobles. Porque la fuerza del hábito virtuoso y la integridad que buscamos, pondrá vida en nuestro corazón para reconocer el error y volver por los caminos del ideal de servicio, con el espíritu reconfortado en la sinceridad de nuestro reconocimiento.


A manera de conclusión resumamos en unas frases las enseñanzas que esta reflexión sobre la ética trata de revitalizar en cada uno de nosotros:
La ética es un saber prudencial que transforma a aquel que lo posee.
La ética también es un saber falible, podemos equivocarnos en nuestros actos.
Por naturaleza el rotario tiene que ser ético.
Nadie puede fomentar nada si eso que ha de fomentar no es poseído.
Hablar de rotarismo es hablar de valores, valores humanos y valores éticos.
Por fuerza de los hábitos y por razón de la integridad, un rotario que es responsable, solidario, amante de la verdad, respetuoso de la vida y honrado en su club, lo es en su empresa y en su familia.
Padres y madres rotarios, enseñad primero a vuestros pequeños hijos los valores éticos civiles, para que construyáis en ellos un santuario al humanismo, a fin de que luego puedan entender que la política, la economía, las ideologías y las religiones, son importantes medidos de desarrollo humano.
Es necesario que el rotarismo se yerga con vigor en su saber prudencial para enfrentar las vicisitudes de la época.


Y cuando engañosas sirenas nos desvíen del sendero, aferrémonos a nuestros valores, que tendrán el poder y la fuerza de ayudarnos a retornar al camino abandonado, no importa cuantas veces.


Porque somos el engranaje del mundo.


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